extracto
*necesitas otro amor
*ya tenes
*muchos
*hay en vo
*amor
Surge inexorable la figura del mendigo
horadando lo extinto en busca de poesía
pero no mendiga quien ya no pide nada
sólo busca un rincón, meado y sucio
y se sienta
ya sin hogar, pero con tiempo.
"...y siento ganas de correr hacia la calle y arrancarme la ropa, arañarme los pechos y gritar, dormir en la medianoche del pavimento frío, desnuda y acurrucada..."
de porno triste este corso despintado
alguien paga el pato, no podía fallar
servidos quedaron los días de ausencia
floreciendo ajenos en algún colchón
casi deja verse la escena inexorable
regresan desde el humo contra su razón

Uno: - Llegué tarde a mi propia urgencia
de besos a lo último.
Cero: - Tengo que ingeniármelas
como bajo la bota del milico
para decir: siento
Ahora: - Quemo un pucho sobre la ropa
me tiro otro café al abismo
Veinti: - Cuatro películas de tren
Veinticinco: - Un guachín
da la manito suave
fotocopia un corazón
lo reparte
me dejo afanar
y le sonrío
Veintidos: - Banda de sonido
Veintitres:- Leo de breve felicidad
sobre una pareja tan propia
donde discuten y la mina
amanece enferma de muerte
Y cómo terminará
pero fué en Montevideo
Siete: - Naranjo en Flor está de moda
reservo la réplica
Nueve: - Me siento un souvenir
en la repisita de lo trunco
Dos: - En la mejilla, por favor.
Cuatro: - Abuso de la timidez
Cinco/Diez: - Redibujando el vidrio
Ocho: - El sake es japonés
Doce: - Sostengo la defensa de
la belleza sanitaria
Once: - Pienso: la próxima
no te salvás
y no me la creo ni pensada
Seis: - Vengo baqueta de vida
tan pequeña es
Trece: - La Cámara Manda
mi Estado, mi Sistema,
mi Rebelión fracasa
y me cagaron a palos
Catorxe: - No existen los ex adictos
Quince: - Uno:
Dieciséis: - Ya es mucho
Diecisiete: - Compruebo que no soy la falla
Dieciocho: - Hubo un poco de violencia
en aquello
y el resto?
Diecinueve: - Se bifurcan
en metáfora no apta
Veinte: - El olvido
de la precaución
suele ser
tan dulce
Veintiuno: - Piropo
gracias
Ocho y medio: - Del lado de
Los Dalton
que son cuatro
pero para ser hermanos
a mi cabeza le bastó
que fueran dos
.Mantenga la calma. Una actitud de aparente indiferencia suele ser muy efectiva.
.No sucumba a la tentación de responder con gritos, golpes o rotura de vidrios a las once de la noche en un edificio de departamentos.
.No escuche, piense en otra cosa mientras oye provocaciones.
.No levante la mirada del suelo. Los ojos suelen ser delatores.
.Procure, por todos los medios no violentos, escapar.
.No desaproveche ninguna oportunidad que se le presente. Puede que no haya otras. Una puerta no se abrirá dos veces.
.No deje de andar, manténgase en marcha.
.No atienda a los cambios de actitud. Piense en lo que originó la situación y sabrá que no hay cambio posible.
.Tome el medio de transporte más cercano. Aunque no lo lleve de regreso. Lo importante es alejarse.
.No mire hacia atrás. Puede convertirse en estatua de sal.
.Apénese en silencio. No descubra su pena. Los demás no alcanzan a entender lo que está fuera de sus zapatos. Usted tampoco se encuentra en condiciones de comprender nada lo suficientemente bien como para explicarlo.
.No busque ayuda. La desesperación tiene patas cortas y apesta como carne podrida.
.Fume mucho. Autodestrúyase levemente sólo para sentir el placer de estar haciéndolo.
.Emborráchese. Mezcle. Gaste su dinero en vómitos de arrepentimiento, resacas dañinas y ácidos estados de idiotez.
.Llore, fuércese a hacerlo. Piense en su padre muerto, en su soledad sin remedio, en su desdichada suerte. Erija una estatua a esta convicción de infortunio, adórela, escúpala, córtele la cabeza.
.Ya habrá pasado un buen tiempo. Una vez que no sepa qué más hacer, laméntese. Trate de volver el tiempo atrás. Al no lograrlo, como es sabido, regrese a uno de los estadíos anteriores. El que considere como el peor, por supuesto.
.Pase los días como cíclicos.
.Jure no volver a enamorarse.
.Busque enamorarse. Al ver que su capacidad de sentir se ha cauterizado, sufra. Rompa el corazón de alguien. Si no es Usted, alguien lo hará.
.Destruya todo a su paso. Sea impiadoso. Vuélvase implacable.
.Calle por un largo tiempo.
.Calle para siempre.
.Muera un poco.
.Mastúrbese con frustración.
.Lea, aprenda. No deje que su mente sea avasallada.
.Despierte.
.Vuelva a atender el teléfono.
.Escriba cartas. Conozca a los recién nacidos hijos de sus amigos.
.Renuncie a la posibilidad de un embarazo.
.Séquese. Rebrote maliciosamente como lo hacen los demás seres, bajo la mentira de la primavera.
.No olvide dar cuerda al reloj.
Habrá aprendido a estar solo.
hubo un tipo en mí
por un tiempo
no es su culpa
si lo amé
la cobardía de borrarme de su vida
traicionó su buen recuerdo
(debe ser celosa
y le prohíbe
lo que yo jamás)
Se lava el breve pero recurrente desengaño bajo la pequeñez de las aguas. Como el sonar insufrible del despertador: el golpe de la mano en la mejilla, salir, transitar, escapar un poco apenas.
El túnel...inusualmente lleno, espeso, atestado, sofocante, inevitable. La idiotez destila su esplendor. Preferible no creer, pero todo sí confabula en ocasiones.
Life Is a Miracle. In the beggining, lamento. Vasja, Fuck You.
la muerte de un amante
se me figura
en la fantasía
si viera el
-cerrado por duelo-
en la vidriera
qué vestiduras
me desgarraría?
riguroso luto desnudo
la piel misma será
un fantasma entre
la viuda y los deudos
y no es el muerto
no le temo a la ausencia
si nunca estará conmigo
me horroriza el no-adios
el último no-beso
la póstuma no-mirada
y tantos pendientes
y no duermo, no duermo
me quedo
lavo y cuelgo
frente a los
cuadrados vidrios
entre la tierra
los pelos
las sábanas
los discursos
las velas de ayer...
del apagón secreto
que me mandó a dormir:
ahora que lo pienso,
qué hija de puta
la oscuridad
que se dice mi amiga
me copio, sí
camaleón cameo
camafeo
femenina verba
y se me brindan
ante la semiótica moderna
del pernoctar
su desnudez
sus heridas
su asombro
a veces quiero creer
que deconstruir el universo
nos hará inseparables
como dar vuelta la tierra
para sembrar
las plantas
Lo oigo decir, y decir, y decir. No me oye, y si lo hace, abstrae de mis palabras, deforma y reformula erradamente, adrede. Me voy, y no puedo, me lo impide con la palma de la mano abierta sobre el cuello. Forcejea y elijo quedarme inmóvil, furiosa, para no completar el espectáculo. Finalmente vuelve sobre sus pasos, como si de ese modo me echara y tuviera la razón. Comienzo a caminar.
Me voy con miedo. Odio tener miedo. El odio al miedo me enoja. Camino buscando la oscuridad, con temor de mirar atrás y verlo persiguéndome. No miro ni siquiera para cruzar las calles, sólo camino y siento que mi rostro es una lápida lisa. Los que me cruzan lo ven. El estómago se vuelve contra mí, o contra sí mismo. No me deja en paz.
Llego a la parada. -Ahí viene- dicen las dos viejas. Subo, boleto, me siento, me mareo. Cierro los ojos, los abro, deslizo el vidrio de la ventanilla y me da frío, tengo los sesos revueltos.
El asiento de atrás se carga de pronto con cuatro que ya huelen a vino cuando recién dejaron de oler a mierda de sus pañales. Escupen canciones estúpidas de cancha, con tono arrastrado, aprendices de la imbecilidad, arrasados de lo que les vendieron como hombría. Abren la boca y lo rancio se potencia cuando el olor ambienta el fumo porro, tomo vino y cocaína y me trae a la nariz y a la boca eso que ya sentí: el asco.
Vomito, con la cabeza colgando fuera de la ventanilla. Nadie lo nota.
la monstruosa melange de tetas
el collage de culitos
y pies y ojos y dedos
las uñas amontonadas
las tetas enormes y redondas
cosidas y pegadas con saliva
mas tetas de las chiquitas
y conchitas primorosas
piernitas adorables
ni un pelito, ni un gramito
dientes de campeonato
es de lo mas horrible
pesadillescas nenas
que se unen siamesas
por la lengua, por los codos
los riñones
por la delicada tripa
hasta eso tienen de hermoso
y me asombra
me hace sombra
su belleza hija de puta
su candor maloliente
la impiedad que rozan
en los labios del hombre
el aceitoso ardor rancio
que arranca letras de oro
donde hubo pija y sudor
y el amor me lo doy por culo
si total
suficiente
jamas
Los haikus son construcciones poéticas de diecisiete sílabas, tradicionalmente formadas por tres versos de siete, cinco y siete sílabas respectivamente, que describen en forma breve una escena o emoción. Con sólo tres versos y a través de la observación, los poetas del haiku han sabido expresar su relación con la realidad transmutándola en imágenes. Son composiciones precisas, misteriosas e intensas.
Noche que se corta en la luz
de mi cuarto se oye
el quejido ahogado
sueña mi madre
con mi niñez
con mi padre
algo hay que dejo todo.
Ropa que flota y corta el fondo azulmarino, la tanda roja reluce en prolijamente acomodadas perchas, perfectamente espaciadas a ojo, perfumada y húmeda baila silenciosa y callada con la invisibilidad del viento que cabecea y la enamora. La luz real y natural vendrá a robarse el cortejo en cinco horas.
Una tierra inventada y descubierta al mismo tiempo. Un nombre absurdo. La otra noche anduve por ahí, con luna llena y todo.

Al verlo venir a lo lejos, sabiendo que el destino, la suerte, la casualidad o la justicia vinieron esa tarde a favorecerla, disfrutó de la calma gélida de la espera hasta tenerlo enfrente y, sin mediar palabra, le hizo estallar en la cara un golpe seco con el revés de la mano. Los nudillos inmediatamente se le abrieron en herida. Se miró entonces el dorso, reventándole en sangre, y levantó la vista hacia esa mejilla que ardía bajo los ojos que nada comprendían aún. Semejante emoción le ensanchaba el tórax, y al afirmarse sobre los pies comenzaba a sentir cómo lo alto de la espalda se le arqueaba, los brazos se separaban del cuerpo, los dedos de las manos se extendían y las fosas nasales se abrían, todo su cuerpo esperando, en franco desafío. La animalidad, así, tallaba en ella su obra más salvaje, una hermosa y digna hija finamente pulida a fuerza de exasperada paciencia nacía ahí, en medio de esa plaza, frente a la estación, entre la multitud.
Los había empezado a rodear la gente, silenciosamente.
El último atisbo de razón para evitar retornarle el golpe al que él debió recurrir fue un insulto crudo y pretencioso, por lo humillante, hacia su condición de mujer, que sólo consiguió dibujar en ella una sonriente mueca desquiciada y le dilató las pupilas colmándola de impiedad. Ese improperio se volvió el permiso para arremeter con todo el peso del cuerpo concentrado en la diestra, abiertamente, contra el pecho y voltearle la espalda sobre la tierra. Con la dignidad revolcada, luego de saltar inmediatamente para levantarse, él le hincó un apretón en el brazo y le susurró furioso entre dientes una última advertencia; apretón del cual ella se liberó tras varias sacudidas, hasta que en la última quiso arrojarle un nuevo revés que resultó errado e inexperto y permitió así que él le atajara la muñeca izquierda con una mano y la hiciera girar de un tirón para enfrentarla con el cachetazo que traía cortando el aire en la otra. Cuatro dedos llenos de tierra se le marcaron en el rostro, y otros cinco alrededor de la muñeca. Se restregó con dolor el revés de la mano lastimada.
Con los ojos cerrados se quedó procurándose aire por un brevísimo instante, los abrió agudamente clavados en los de él, elevando una ceja para hacerle saber que no fue suficiente, y se le rió resoplando por la nariz. Con un segundo insulto él acabó de darle su bendición para que ella se decidiera a propinarle el primer puñetazo de su vida, coronándolo así con el honor de encabezar la lista de los tantos merecedores. Todo quedó claro. El próximo golpe tenía destinataria y no vendría suavizado por falsas convenciones de inferioridad, sino que atropellaría estricto contra la mandíbula aunque, para sorpresa de ambos, no lograría tumbarla.
Ahora eran iguales.
Algunos amagaron a meterse, pero no tardaron mucho en darse cuenta de que esto era cosa de dos. Otros ni siquiera quisieron seguir observándolos, presenciar semejante contienda sería profanarla.
Desde lo bajo de la mirada, entre el mareo, sintió la sangre con su sabor metálico en la lengua. Se manchó los dedos de ese bermellón incitante al rozar los labios entreabiertos buscando tantear la herida. Al verla, él temió haberse equivocado y consideró el acercarse. Ella le cae con la frente sobre la nariz y rechaza así el último dejo de tolerancia. No la necesita, no la quiere. Se regocija con las gotas que ve correrle por el mentón, hilos de las venas que se desgarran y lo enfierecen.
Descarga pesadamente y libre de remordimientos el puño contra la sien de esta mujer que sostiene implacable la arremetida, y no duda. No está en ventaja. Sabe que ella no se valdrá de ardid alguno. No habrá lágrimas ni quejidos. No va a intentar escapar, pues esto es lo que buscaba. La ve caer una vez más y recuperarse del desconcierto del golpe frente a sus pies. Erguida nuevamente, acude a su cuerpo íntegro y se arroja sobre él. Se confunden en manotazos, los arañones de ella se le marcan en el cuello, él la doblega y, dejándola boca arriba, la apresa con su peso. Ella respira agitadamente, atrapada, buscando un instante para reponerse y aborrece el enfrentamiento con sus ojos. Flexiona, tras un grito ronco, una rodilla, y lo descoloca por fin. Se arrastra en cuatro patas hasta alejarse, mientras él se dobla de dolor a un costado. Trabajosamente se yergue, perdida por completo la compostura, y observa el gesto de él. Piensa en correr, pero no tolera la duda de saber cómo será. Quién terminará con quién.
Apena la estampa, mezcla de sudor, sangre, tierra, lágrimas. Los cabellos enmarañados, la mano herida, las uñas renegridas, los labios entreabiertos dejando ver más sangre desbordando una de las comisuras. El se repone y se sienta en el suelo. Llora callado. La mira desde abajo, ella se arrodilla a su lado y le acaricia el pelo, como solía hacer al besarlo, transitando con la punta de los dedos el recorrido desde el arco de las cejas, el contorno de los ojos, las mejillas, el filo de la mandíbula, el mentón, los labios…le imprime un beso enrojecido de sangre en la frente y se endereza. Se marcha lentamente, avergonzada, hasta que en la otra esquina, un niño de ropas sucias y rotas que corría detrás la alcanza y le deja entre las manos un ramito de fresias:
- Se lo manda el señor ése.